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Cambia Peña su estrategia de comunicación

30 may

Cambia Peña su estrategia de comunicación

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¿Cuánto le costó al gobierno la selfie de EPN con Kevin Spacey? – Forbes México

30 may

¿Cuánto le costó al gobierno la selfie de EPN con Kevin Spacey? – Forbes México

Algunos medios reportaron que el encuentro entre Kevin Spacey y Enrique Peña Nieto había sido casualidad, pero el actor fue un invitado pagado.

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Rafael Correa, un maestro de la propaganda”

14 abr

Entrevista con el profesor universitario y dirigente de oposición César Montúfar.

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Cambia Peña su estrategia de comunicación

14 abr

Cambia Peña su estrategia de comunicación

Ahora escucha los planteamientos de los ciudadanos de a pie, se deja abrazar por mujeres como cuando era gobernador y, sobre todo, quiere verse cercano a la gente.

Es momento de México. La misma historia, otra vez

21 jun

Luis F. Sánchez

Tal vez lo que menos me gusta de las campañas electorales es lo predecibles que pueden llegar a ser. Algunos candidatos siguen al pie de la letra los manuales de marketing político, y otros no. Algunos más hacen un esfuerzo (o sus asesores) por presentar algo nuevo, otros más, intentan hacer mejores remakes de estrategias ganadoras.

En la etapa final de campaña es de esperar que los candidatos inviten a los electores a votar, sin distinguir las simpatías o preferencias politicas. Debemos votar por un bien general, dicen, por aquello que todos valoramos y apreciamos. Se olvidan que días atrás aún existían diferencias entre las  opciones políticas. En ocasiones son aberrantes los mensajes, si colocamos todos juntos los spots de un solo candidato.

El equipo de campaña de Peña presenta en esta fase última un video titulado: Es momento de México. Totalmente predecible. Con un mensaje muy bueno. El video convoca a los mexicanos a ‘olvidar diferencias’ (-ni que algunos sufriéramos amnesia-). El cual rompe con el discurso paternalista de Peña durante su campaña: el cambio está dentro de ti. Hay que decirlo, este video es más cercano al discurso de campaña de AMLO ¡pero éste no lo hizo!

Las campañas electorales pueden ser leídas (o comprendidas) como pequeñas historias que nos cuentan las circunstancias en las que vivimos: somos más pobres o más ricos, con mejor o peor nivel de vida, etc. Y se asignan responsabilidades. Gana quien cuenta mejor la historia, y es respaldado por el voto de los electores. Después de la cuestionada elección de 1988, el presidente Carlos Salinas de Gortari emprendió un ambicioso programa social  llamado solidaridad, el cual tenía como uno de sus objetivos ganar legitimidad, el programa estaba acompañado de una intensa campaña publicitaria.

Las historias importan. Un ejemplo de todo esto que señalo es la película Wag the Dog (1997), en la cual un spin doctor y un productor de Hollywood inventan una historia que lleva a un presidente a obtener la reelección. Se crea un enemigo y una guerra. Es lo que hizo Felipe Calderón en el 2006,  el enemigo era AMLO. Le inventó una serie de problemas ridículos y tontos asociadas a su persona. La gente lo creyó. Una vez en el poder, y debilitada su legitimidad, inventó otro enemigo: el narcotráfico, la gente le dio su respaldo; en las elecciones de 2009 continuó con la misma historia.

Es curioso ver cómo los mensajes de Solidaridad y Es momento de México tengan semejanzas. De ganar Peña, es probable que busque legitimar su gobierno con programas sociales y obras públicas (como lo hizo Salinas, créame intenté evité dar el nombre del innombrable). Peña afirma que la sociedad no es la misma, que el PRI no es el mismo que antes. ¿Le confieso algo? yo no veo a un nuevo PRI. No en el discurso.

La seducción del debate electoral televisivo

8 may

Luis F. Sánchez

En una democracia ideal, las diferentes opciones políticas presentan sus propuestas de gobierno, se debaten las mismas con el objetivo de elegir ‘la mejor’ opción. En una democracia electoral, mediática, y ante todo, visual, un debate televisivo no busca generar ‘la mejor’ propuesta, sino ganar adeptos, persuadir a los electores. Los candidatos se apoyan de todos los recursos a su alcance para convencer a los diversos auditorios.

El debate televisivo es una puesta en escena, una representación simbólica de una lucha por el poder entre las diversas fuerzas políticas. Una lucha que se encarna (o personaliza) en los líderes políticos. Las candidaturas representan algo más que meras personas, significan un conjunto de creencias, deseos y aspiraciones asociadas al líder político. En esta puesta en escena, rigurosamente planeada, se puede ver el enfrentamiento entre diferentes formas de percibir una situación política-económica y social en una entidad política.

Ya en el caso específico, los mexicanos nos enteramos de cómo se había planificado la escena: el lugar en el que se enfrentarían los candidatos, los atriles, el número de cámaras, los encuadres, la hora, y lo permitido.

Afirmar que los electores esperan solamente un intercambio de propuestas, es incorrecto. Una vez que se ‘segmentan’ se puede decir que los partidarios o simpatizantes de una determinada opción política quieren ver a su líder fuerte, tanto en lo verbal (en sus planteamientos) como en lo visual (en la imagen). Que proyecte seguridad, confianza, capacidad, determinación. Quieren que ‘acabe’ con las otras opciones políticas. Esto no significa necesariamente que sea la mejor propuesta. El debate electoral televisivo busca ante todo persuadir a los electores, y reforzar las posturas de los seguidores.

Se pretende convencer a los votantes independientes, a los indecisos o indefinidos, a los escasamente informados e interesados en las campañas. Lo cual implica ya una dificultad nada desdeñable. Significa conocer muy bien a dichos electores potenciales. Algunos votarán el día de la elección, y otros tal vez decidan no hacerlo.

En el debate electoral televisado entre los candidatos a la presidencia de la República de México, fue posible observar casi todos los recursos (y estereotipos) utilizados por los candidatos y la candidata. En un debate televisado se busca vencer al adversario, no se busca generar o producir la mejor propuesta. Los candidatos se valieron de distintas estrategias. En lo visual, por ejemplo, se eligió el mejor vestuario, peinado, o corte de cabello, de modo que subrayara sus mejores atributos, cuestión de imagen. Todos tenían roles definidos. También Guadalupe Juárez, la moderadora del encuentro. Tal vez por esto los políticos (incluidos los consejeros del IFE) no se perdonan a ellos mismos que la noche, o mejor dicho, buena parte de los reflectores de los medios, se los haya llevado Julia Orayen, que fungió como edecán, después de Gabriel Quadri.

Muchos se dicen sorprendidos o decepcionados por la estrategia elegida por los candidatos. No pocos medios reprocharon el camino elegido por aquéllos. Por privilegiar el conflicto. Uno de los candidatos (y sus asesores) decidió (o mejor dicho, decidieron) que lo mejor era tomar una estrategia defensiva, y contraatacar a las agresiones. Por lo menos no se perdería lo ya ganado. Los otros decidieron debilitar la imagen del candidato puntero, ya en su desempeño de gobierno, sus amistades, o relaciones con otras organizaciones o empresas, entre otros recursos. Los cuatro candidatos buscaron desprestigiar la imagen de sus adversarios. Pero sólo uno se fue ‘limpio’ porque electoralmente no había qué quitarle. Porque no ‘valía la pena’ ocuparse de un candidato insignificante en términos de preferencias electorales.

Muchos tal vez esperaban un ejercicio discursivo excepcional (romántico a mi parecer) de lo que significa e implica una democracia ideal. Sin considerar que en la realidad, en esta democracia electoral, los candidatos tenían que expresarse, prácticamente, en la misma lógica de los spots publicitarios. Siguiendo la lógica de los medios comerciales, y las reglas que los políticos mismos decidieron.

Esto implica que las estrategias discursivas no podían (ni pueden) ser demasiado complejas (por ejemplo, dignas de una tesis de maestría o doctoral), el tiempo no da para ello. Además el elector no elige únicamente a partir de cuestiones meramente racionales, sino emocionales. Quienes critican a los candidatos por no ser excepcionales en cuanto a ofrecer un discurso racional, se equivocan. Un buen orador conoce a su auditorio, sabe lo que quiere, y sabe cómo decírselo. Lo seduce. Tal vez tampoco en ello hicieron lo que les tocaba, salvo uno. Y su propuesta política es muy pobre.

A quienes señalan que no hubo debate entre los candidatos, puedo darles la razón en un punto. El verdadero debate no está en el llevado a cabo entre los líderes políticos en la televisión, sino en el efectuado por los electores que presenciaron el enfrentamiento. Ese que se está realizando en este momento por seguidores, independientes, e indefinidos, por los líderes de opinión, en el sentido de Lazarsfeld. Todos éstos buscan mejores recursos (unos más, otros menos) para convencer sobre la mejor propuesta.

¡Lo que importa son los resultados de gobierno!

24 abr

Luis F. Sánchez

Decir que el Estado de México es el que contó con mayor número de feminicidios en el país durante su gestión tumba cualquier declaración que presuma ser sincera, o se vanaglorie de cumplir

El PAN responde a la contraofensiva del PRI, y responde mejor. Le quitaron ese particular amarillismo que recuerda los spots negativos contra AMLO en el 2006. No son tan emocionales como los anteriores. Resultan un poco más difíciles de desacreditar, y de acusarlos de violar la ley electoral.

En cierto modo dejaron de seguirle el juego al equipo de campaña de Peña. Y es que la publicidad del priísta ha estado orientada a las acciones o compromisos firmados pero no a los resultados de gobierno. La verdad, poco importa ya si cumple o no, o si Peña es un mentiroso o no. Decir que el Estado de México es el que contó con mayor número de feminicidios en el país durante su gestión tumba cualquier declaración que presuma ser sincera, o se vanaglorie de cumplir.

En tal sentido la publicidad negativa utilizada por los panistas es mejor porque se presenta menos dramática, porque habla de los pobres resultados del gobierno en el Estado de México, aun cuando haya cumplido sus compromisos (los cuales resultan muy cuestionables por cierto).

Sin embargo le falta dar mayor certeza al argumento. Le falta ofrecer a los electores la fuente. Y es que si desea obtener credibilidad debe ofrecer no solamente afirmaciones sino las fuentes que lo sustenten. Si bien la publicidad negativa utilizada por el PAN en el 2006 tuvo los resultados esperados, en esta ocasión me parece que requiere algo más. Lo digo porque después de la elección en la que obtiene el poder Calderón, no pocas personas se dieron cuenta del engaño en el que habían caído. Así pues, el sentido común diría que quien miente una vez, miente dos veces. Resulta más difícil de creer.

Descalificar a Peña de mentiroso no tiene tanto impacto. Después de todo qué político no lo es (sobre este asunto vea lo que dice Alazraki). Así pues, la estrategia por ahí no debería ir.

Por lo demás, los spots deben invitar (presionar) a Peña a salir de su burbuja de protección, a debatir, a dar la cara, a confrontar a los demás candidatos (¡y ciudadanos!), todo esto en nombre de la democracia. Bien vale la pena, y ganamos todos.

Aquí un ejemplo de lo que hizo Roberto Madrazo, del PRI, en el 2006

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